La inquietud sobre la existencia de la divinidad ya no impregna la sensibilidad cotidiana de las gentes en Occidente. Y este es un gran cambio. Hasta no hace mucho, las comunidades occidentales, en enorme proporción, sentían la necesidad de pensar, cuestionar, indagar e inclusive adorar o resistir fuertemente la existencia de un mundo espiritual.
Es tan novedosa esta indiferencia que sorprende pensar en otros tiempos, durante milenios, cuando el ateísmo era poco común. La historia religiosa de diferentes civilizaciones, a saber: sumerios, asirios, babilonios, egipcios, griegos, romanos, árabes, aztecas, incas, indios, chinos, etc… da testimonio de lo mencionado. Por lo que se puede inferir que extraordinarias fuerzas modeladoras impusieron nuevas relaciones de poder y lograron esta transformación en los espíritus. Puede que esto tenga relación con la dificultad de sentir una auténtica libertad individual, ni imaginar probable un futuro donde nuestras sociedades puedan emanciparse solidariamente y así encarnar en acto los principios de Libertad, Igualdad y FRATERNIDAD.
Contrariamente, cuando es dejada a su libertad, la especie humana es curiosa, cuestionadora y convive con el deseo de alcanzar la comprensión de aquello que asombra o causa perplejidad. Ante tantos misterios, cuando se desea dar cuenta de lo que desconcierta o maravilla, muchos intuyen o reflexionan sobre un ámbito espiritual. Toda vivencia, tanto la que oprime por su sinsentido o la que embelesa el ánimo con felicidad, moviliza ese tipo de sentimientos.
Salvo que se viva bajo un régimen de enorme control sobre lo que se piensa o desea, el querer conocer el cómo, el cuándo, el qué y el por qué surge como algo natural. Así es nuestra condición humana en libertad, siendo ésta una que el Derecho Internacional protege, a través de acuerdos firmados por la mayoría de las naciones, aunque luego no los respeten en los hechos. Esta condición se manifiesta con claridad en niñas y niños que, por lo general, la ejercen vivamente al preguntar por todo, mientras se sorprenden ante lo que el mundo ofrece, mientras crecen. Lamentablemente, en algún momento de la vida "se desaprende" esa capacidad. Entiendo que un bombardeo de propaganda uniformante influye para embotar esta habilidad natural, colmándonos con asuntos vanos y superficiales y así dejamos de interesarnos en saberes profundos de todo tipo.
Dada la irreflexión y la falta de vivencias espirituales, con las energías humanas ocupadas casi exclusivamente en los aspectos materiales de la vida, se podría inferir que solo una lógica de poder es la que impone sus miserables ideas y formas a través del mundo de las Finanzas, la Economía, el Comercio, la Tecnología y la Política. Un sistema complejo globalizado que se entronizó desde los noventa impuso un arbitrario y conveniente "Fin de la Historia" y de las Ideologías, algo que encandila y cancela el deseo de elevarse a pensar temas abstractos, metafísicos. Peor aun, se supone generalmente que hay que encarar solo los temas “serios”, aquellos que la Ciencia empodera, dejando de lado todo lo que ella no puede encarar, por considerarlo o inútil o arbitrariamente ridículo. Agrego que si ese hubiera sido el criterio de los grandes sabios de antaño, quienes pusieron los cimientos de la Ciencia actual, poco se hubiera avanzado.
Este texto que trata el tema de la creencia en Dios, luego de analizar hasta aquí las limitaciones internas que nos perturban, intenta escapar de ellas, reconociendo que es solo una aproximación humilde para aportar claridad. Y ya que comenté sobre el desinterés por ciertos temas espirituales, uno podría preguntarse:, ¿Si hay un Dios Creador Todopoderoso, por qué Él no hace indiscutible su existencia ante todos? ¿Por qué limita su poder y evita darse a conocer públicamente, corrigiendo además, ya mismo, los males que se sufren?
Es verdad que ninguno tiene la fórmula definitiva para dirimir por lo pronto esta cuestión. Por lo que amargarse y violentarse contra Dios no es razonable ni coherente dadas las dimensiones desproporcionadas que habría entre lo humano y lo divino. Nada de incoherente tiene el inquirir en estas cosas y dudar. Pero, en cuanto a esto, si un no creyente decide acusar a Dios, adopta una conducta contradictoria y muy pueril. Si recordamos que a toda acción o conducta le mueve cierto interés, ¿podría ser éste uno correcto o razonable?
Además si se supone un Dios desinteresado en los asuntos humanos, ¿no podría pensarse que semejante divinidad o divinidades, de la cual nos separarían una magnífica distancia en poder y sabiduría, pudieran tener legítimas razones para manejarse como lo hacen? O si el mismo Dios no sale en defensa propia, ¿Quién puede arrogarse la representación de él y pasar como su vocero por más creyente que sea? Además, ¿Sería justo y sabio que Dios deba defenderse de las acusaciones de aquellos que Él creó?
Siempre es apropiado reclamar coherencia en cualquier investigación, caso contrario, creyentes o ateos deslegitiman sus análisis, apologías o acusaciones, por más oratoria y capacidad discursiva que se exhiba. No es lógico descreer de Dios y acusarlo, tampoco es sabio enfrentarlo con rebeldía inútil, como quien dijera en su corazón “...Además si existe, poco me importa”.
Del otro lado, también es incoherente que el que cree exponga que tiene pruebas inconfundibles de la existencia de un ser superior (o de un ámbito trascendente o como quiera llamarlo) sintiendo que los indiferentes o no creyentes serán enjuiciados por alguna falla moral o tozudez, porque evidencias fehacientes no tiene, aunque eso no significa que no se puedan presentar razonamientos que hagan ver que la fe de un creyente tiene bases interesantes.
Por ejemplo, para impulsar la creencia en Dios se presentan las maravillas de la Naturaleza como evidencia circunstancial de su existencia. Esto está en armonía con la sencillez y elegancia del razonamiento de Pablo, un judío fariseo que adoptó el cristianismo, apóstol y escritor de muchas partes de las Escrituras Cristianas (El Nuevo Testamento). Él escribió en el libro bíblico de Hebreos: "Toda casa es construida por alguien y el que construyó todas las cosas es Dios".
"Todas las cosas" incluye La Naturaleza entera con su universo colmado de variedades abigarradas de cosas extraordinarias e intrincadas. Desde las galaxias lejanas a las partículas elementales subatómicas dan testimonio de eso. También la extraordinaria complejidad de las funciones que mantienen el equilibrio funcional de nuestras vidas y la de cualquiera de las especies animales. No obstante, hay que reconocer que ese sentido de asombro se halla eclipsado, no sólo por el escepticismo.
Demos un ejemplo. Hasta no hace mucho, y por miles de años, era imposible escaparse del asombro diario de lo Natural. La cercanía inevitable y cotidiana del universo dejaba atónito hasta al más apático, como hoy pudiera suceder con la información excelente y exhaustiva que tenemos de la vida natural. Pero esas experiencias se hayan minimizadas y suplantadas por un repiqueteo constante de contenidos simbólicos banales que invisibilizan las maravillas y misterios de todo lo extraordinario que existe desde antes de la aparición de la especie.
Por ello hoy, mirar un cielo nocturno, solamente es presenciar una cáscara vacía. Las luces potentes y la contaminación han ocultado la bóveda tachonada de estrellas, alejándonos de una experiencia de observación prodigiosa. Por otro lado, mirar canales de televisión, películas de cine o leer diarios y revistas, buscando información y esparcimiento, es encontrarse, casi siempre, atrapado muchas veces en redes inescrupulosamente calculadas para dominar los hábitos de contemplar, pensar y consumir, siendo esto último en definitiva casi el único objetivo que motiva a los productores y compañías que al fin sólo quieren maximizar ganancias y minimizar pérdidas. Y para cumplir esta máxima mercantil se acude a toda herramienta que exalte si es necesario lo peor de lo humano, su lado salvaje, cruel y morboso.
Pero regresando al tema propuesto, también es verdad que aunque las incontables maravillas fuesen un indicio de que alguien construyó todas las cosas, también es normal preguntarse a qué se debe que el creador sea tenaz en mantener su invisibilidad y ocultamiento. Esto ha dado lugar a todo tipo de conjeturas que evidencian la amplia capacidad de la fantasía humana, pues muchas ideas difundidas adquirieron "prestigio" con estatus de gran lógica y validez, pero éstas son imposible de confirmar en el terreno de la empiria.
Por ejemplo, se ha presentado como legítimo lo contrario a lo dicho por el Apóstol Pablo, como si fuera probable que: Toda casa es construida por alguien, pero nadie construyó todas las cosas (de la Naturaleza, obvio). Esta es en definitiva la idea que subyace determinando la Teoría de le Evolución Total. La Ciencia (o el Poder real tras ella) instaló la idea de que desde los aminoácidos más elementales (que de por sí fueron difíciles de desentrañar) hasta las formas de vida más complejas, han sido el producto del armado soberbio y azaroso de millones de combinaciones automáticas, algo que jamás han podido corroborar.
Por eso para la Ciencia: Toda casa es construida por alguien, pero todas las cosas de la Naturaleza se construyeron solas, bajo la fuerza de la casualidad, algo inexorable por el solo paso del tiempo contado en millones de años. Es propio aclarar que el comentario de arriba no es un desafío a la Teoría de la Evolución de las Especies de Darwin, y otras explicaciones científicas semejantes de gran interés y de valor innegable, las que han dado cuenta de la enorme capacidad de diversificación, de adaptación y supervivencia que ha desplegado la vida.
Pero los biólogos deberían ser honestos y confesar que no han podido contrastar sus modelos teóricos relacionados a una evolución absoluta, metafísica al fin, que conjetura sobre una regularidad natural evolutiva que diera a luz una historia de ciencia engañosa: el relato instalado hasta el colmo, en estos últimos casi dos cientos años, donde una fuerza ciega habría dado forma y diseñado, muy lentamente, desde la primera proteína, pasando por el ADN, las células más elementales, y así las cosas, hasta llegar a auto-producir todo lo que vive, sean especies “simples” o las más complejas que se guste considerar. Toda este invento, es mito, pura imaginación “científica”.
En definitiva, la evolución absoluta, en esos términos también es un tema de FE, pero lo escandaloso es que esa conjetura no es reconocida como tal, sino que se la ha construido socialmente como una “Historia” real. Una Fe más implantada como “verdad” única, la que la hace inconcebible presumirla falsa, y aunque los testimonios son crasamente insuficientes, se ha difundido con gran "autoridad" por el mundo científico que no siempre se atiene a la rigurosidad en sus tareas. Sistema científico que además expulsa arbitrariamente de su seno a quienes se han expuesto, investigando en contra de la postura "oficial". (Puede visitar en youtube la película documental "Expelled".)
Por otra parte, no es justo pedir pruebas refutadoras a quienes no creen en la evolución, porque reconocemos que es un asunto de FE. Si quieren postular la Evolución Total como Ciencia seria, las pruebas deben proporcionarlas los Biólogos o investigadores en la materia, si en tanto críticos de todo lo que sea superstición y alejados de los temas de la fe, no desean quedar como falsos embusteros que difunden Teorías que las hacen aparentar irrefutables, ridiculizando a quienes tienen serios reclamos. Además, en el terreno de la Ciencia se sabe que ciertos problemas no tienen solución.
Por ejemplo, suponga que a un hombre de ciencia se lo enfrenta a un charco de agua en el suelo que procede de un pedazo de hielo y se le pide que averigüe científicamente la forma del sólido de donde proviene. Ese problema no tiene solución y cualquier explicación es simple relato. Si saber la forma que tuvo un pedazo de hielo, es el límite de la ciencia honrada, ¿podría ser posible en una investigación reversiva encontrar las evidencias suficientes y exactas que sostiene una presunta aparición azarosa de todo lo que existe? ¿Por qué, además, negar que creer en ciertas conjeturas científicas también es un asunto de FE, cuando es costumbre proponerlas como algo provisorio hasta que no hallen más evidencia?
Del científico lo que se espera es gran desinterés y honestidad intelectual, y la Biología evolucionista totalizadora, no ha demostrado estar basada en esos valores, aunque muchos de los biólogos no estén actuando premeditadamente. Tampoco les sirve de excusa a sus mentores eludir las responsabilidades de probar la realidad que promueven, atacando a los “creacionistas”, diciendo que son fruto de un fervor religioso propio de atrasados, semejantes a otros fanáticos que en su momento se opusieron a lúcidos investigadores, Galileo y Darwin entre ellos.
Tampoco deberían pensar dentro de sí que los que dudan sinceramente de la evolución absoluta, lo hacen por ignorancia y que les falta autoridad por no ser de la corporación científica. Sucede que son los biólogos los que no han podido dar cuenta científica, con exhaustivas y serias contrastaciones, de su imaginaria ley de la Evolución Total o Absoluta, como aquí le he dado en llamar. Tan sólo nos encontramos, al leerlos, con un vasto y audaz modelo hipotético que carece de suficiente corroboración, y las pruebas que dicen tener son apenas efímeros eslabones, comparados con la abigarrada serie de evidencias refutables y no refutadas que exige su teoría para elevarse al rango de prueba, si se habla de ciencia como sinónimo de aproximación seria a la verdad y no como una simple ficción dogmática.
Tampoco es evidencia a favor de la Evolución Absoluta de las Especies que otros fanáticos, esta vez religiosos de diferentes denominaciones intenten y hasta logren prohibir su enseñanza y obliguen a los hijos de ciudadanos libres a estudiar únicamente la fe de la creación divina del mundo, acción coercitiva que obstruye el análisis de un tema que en definitiva queda en el dominio de la intimidad de las conciencias.
Con gran sinceridad interpelo, desde este artículo en la web, a quien se espante de lo que lee aquí, o crea que estoy errado, que investigue si puede encontrar algún material que haya pasado la prueba científica, siguiendo un estricto método de investigación por contrastación, en cuanto a cómo se desarrolló una especie cualquiera desde la proteína más elemental hasta su forma definitiva. Esto implicaría leer corroboraciones, no relatos, que el mundo científico debería tener, de cada paso evolutivo que se necesitó para que aparezca, por ejemplo, el ojo de la mosca o del pulpo. No dibujitos, ni frases altisonantes, sino material biológico contundente de cada avance, uno por uno. No basta con citar opiniones de lo que pudo pasar sobre la base de un “sentido común” conformado por décadas de propaganda en favor de ese relato o mito evolutivo.
Harían falta pruebas suficientes, como las que los biólogos o bioquímicos exhiben ante las Secretarías de Salud cuando hay que aprobar una nueva droga medicinal o las altas exigencias autoimpuestas por la asociación de físicos nucleares al intentar demostrar la existencia de una teórica partícula subatómica. Es verdad que en medicina o en física nuclear el error o la directa ocultación, falsificación o simulación de datos no es tan común pues quienes patrocinan con millones de dólares las investigaciones saben cómo cuidar sus recursos y evitar un aluvión de juicios penales o la ruina económica de sus compañías.
En cambio, si hay error o negligencia en cuanto a divulgar la Teoría de la Evolución, ¿quién merecería pena por divulgar una falsedad o verdades infundadas? Además, entre laboratorios o centros de investigación de física nuclear, si hay error o falsificación, está en juego el prestigio personal de todos los involucrados, especialmente la del científico que encabeza el equipo, con la consecuente pérdida de nuevas subvenciones.
Esas penalidades ejercen una fuerza “disciplinadora”. Pero ésta no existe para presionar en contra de los errores promulgados en defensa de la Teoría Evolutiva Absoluta, por lo que su ideología se ha naturalizado, no sólo sin tener que enfrentarse a una crítica sana, sino que ha sido recibida con los brazos abiertos por grupos de poder que estaban ya en condiciones de aminorar o destruir el poder de las instituciones religiosas que aún en el Siglo XIX eran muy importantes.
Por otro lado, entiendo que como los científicos están tan persuadidos sinceramente en que la existencia de un creador (o creadores) de todo lo que existe es algo inconcebible, y la tachan de creencia pueril, obsoleta y supersticiosa, que solo les resta suponer que debió haber una formación automática de lo existente, por lo que al hallar cualquier prueba, por mínima e insuficiente que sea, la consideran válida para armar los modelos de su teoría evolutiva, sin necesidad de probar al detalle lo que están promulgando.
A estas alturas, supongo, si ha seguido la larga lectura, que podrá pensarse que quien esto escribe es poco racional. Aunque no se me considere razonable, prefiero quedar como un excéntrico, por la seriedad del tema, a callar y no difundir mi experiencia. En mi investigación, aun en ambientes científicos, sólo recibí opiniones más o menos interesantes, y nada más, fruto de mentes muy inteligentes y apasionadas en su fe no reconocida de que aunque: Toda casa es construida por alguien, la Naturaleza toda es una construcción del azar.
Si recordamos la ironía borgeana acerca de que toda filosofía es literatura fantástica, permítaseme decir entonces que todo el relato impuesto de la Teoría de la Evolución Absoluta de las Especies es literatura, ficción, pero, eso sí, entronada en un majestuoso, pero endeble palacio del Saber.
Era necesario presentar -en este contexto donde se exalta la Fe en la Persona más importante del Mundo- lo precedente, acerca de la pregunta por la existencia de Dios, pues parte de la falta de asombro ante lo sagrado y lo maravilloso de la Naturaleza fue fomentado al legitimar esta fe implantada en muchos, desde escuelas primarias, secundarias y universidades, sin más que por la fuerza, como le fue oportuno hacer a los poderes de turno que gustaron de sacar ventaja de la desacralización de los pueblos usando las herramientas que tenían a mano.
Nadie, entonces, debe sentirse acorralado por muchísimas opiniones "prestigiosas" por muy aceptadas que haya, jamás comprobadas, por ser simples conjeturas. En temas de fe, de creencias, debería haber una nobleza interna que nos orienta a ser muy respetuosos de la de otros, pero también de la de nosotros mismos.
Por eso si creemos en Dios como creador, no necesitamos ridiculizar a quienes aceptan otras cosmogonías u otros relatos religiosos, metafísicos o pseudocientíficos, pero tampoco podemos dejarnos engañar por “impresionantes” y astutos cuentos mostrados como ciencia “pura” y única, los cuales ni sus promotores alcanzan a conocer en su verdadera naturaleza de FE.
Si en eso creen, en tanto fe, merecen respeto, pues, en definitiva, en temas de fe cada cual tiene derecho a elegir lo que le plazca y lo que le place determina casi siempre la fe que decide elegir.